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La tragedia de Japón: Jiro Sato, el prodigio de Wimbledon que sucumbió ante la presión de su país

  • Ariel Román - Séptimo Game en Londres



Caminando junto a Sebastián Varela, de CLAY, rumbo a la biblioteca de Wimbledon, nos encontramos con un investigador miembro del All England Lawn Tennis Club, que había recibido una foto y un mensaje en japonés que correspondía a un tenista de la década del 30 en Japón, que tuvo un gran paso por Wimbledon. Inmediatamente reaccioné y pregunté (spoiler alert): ¿Ese no es el tenista que se se suicidó lanzándose por la borda de un barco rumbo a Wimbledon? - El bibliotecario y el miembro del club se sorprendieron de que sabía sobre este jugador, a pesar de que no recordaba su nombre.


Tras la conversación y mi asombro ante la enorme colección de libros, revistas y artículos relacionados con el tenis, Seba me animó a escribir sobre este tenista japonés, cuyo nombre es Jiro Sato, que logró récords para su país que tardaron más de medio siglo en romperse, hasta la llegada de Kei Nishikori.


Debut ante los Mosqueteros

Jiro Sato, nacido el 5 de enero de 1908, se hizo conocido en el mundo del tenis tras una visita del Racing Club de París a Japón en 1929 para jugar una serie de exhibiciones. El equipo galo contaba con la presencia de dos de los Cuatro Mosqueteros del tenis: Jacques Brugnon y Henri Cochet. Sato venció a Brugnon y cayó de forma estrecha ante Cochet, quien era considerado como el número uno del mundo, y además era el vigente campeón de Roland Garros y de Forest Hills.



En 1931 tuvo su oportunidad de ser seleccionado por la Asociación de Tenis de Japón para formar parte del equipo de Copa Davis, lo cual le permitía ir a Europa y participar no solo de la competición por equipos, sino que también inscribirse en torneos en el viejo continente, como también disputar los Grand Slams. Esta chance no la desperdició, y ganó títulos en Bristol, Edgbaston y Monte Carlo, además de dos excepcionales presentaciones a nivel de torneos Major: Semifinales de Roland Garros y Cuartos en Wimbledon.


Dos semifinales de Grand Slam siguieron en 1932, en Australia y en Wimbledon, confirmando que era uno de los mejores tenistas del mundo en ese entonces. En Copa Davis, alcanzó las semifinales zonales tanto en 1931, como en 1932, cayendo ante Gran Bretaña e Italia, respectivamente. Uno de los jugadores que enfrentó en esas series fue el legendario británico Fred Perry, quien lo describía como "uno de los tipos más alegres en el mundo".


De la alegría a la presión

1933 fue el mejor año para Sato. Nuevamente como líder del equipo japonés de Copa Davis, alcanzó semifinales, con una estrecha derrota ante Australia en Roland Garros. Luego de aquella serie, volvería a llegar a la semifinal en el Abierto de Francia, y tras hacer la transición al pasto, llegó a una segunda semifinal consecutiva en Wimbledon, mientras que en dobles, junto a su compatriota Ryosuke Nunoi, cayó en la final ante los mosqueteros Borotra y Brugnon.



Aquel año fue tan bueno, que Arthur Wallis Myers, el principal periodista de tenis de la época, lo catalogó como el número 3 del mundo en sus rankings de fin de año. En Japón, ya era catalogado como una estrella.


Al año siguiente, como ya era una costumbre, el equipo japonés liderado por Sato, Jiro Fujikura, Hideo Nishimura y Jiro Yamagishi, más el jugador/capitán Ryuki Miki, se embarcó rumbo a Europa para disputar la Copa Davis y los torneos de Grand Slam. En su país, Jiro se había comprometido con su novia, la también tenista Sanae Okada, y a la vuelta de esta gira contraerían matrimonio.


Una tragedia en barco

A bordo del Hakone Maru viajaba el equipo japonés de Copa Davis rumbo a Europa, donde debían enfrentar a Australia en Eastbourne. Nadie sabía que el fervor nipón y el nacionalismo extremo, inculcado por siglos y exaltado por el emperador Hirohito, tenía a Sato, el tercer mejor tenista del mundo, sobrepasado por la presión que se le imponía.


Un jugador alegre, que gustaba de bromear con sus compañeros, y que era admirado por sus rivales por su calma y su deportividad, estaba confinado a su cabina en el barco, sin apetito ni con las mismas ganas de siempre de compartir con su equipo. Lo único que quería era estar en paz en Japón junto a sus seres queridos, y no jugar esta temporada.


Cuando el navío hizo una parada en Singapur, Sato pensó en abandonar la delegación y regresar a Japón lo antes posible. Él abandonó el barco para realizarse exámenes médicos, los que indicaron que sus problemas eran netamente sicológicos. También, el cónsul del imperio japonés en Singapur realizó un banquete en honor de los tenistas, en el cual tanto él, como la Asociación de Tenis de Japón, a través de telegramas, insistieron que Sato continuase con su viaje, exigiendo que llegaran a destino sin retraso alguno.


El día 5 de abril de 1934, Jiro Sato, encerrado en su cabina mientras el Hakone Maru atravesaba el estrecho de Malaca, encendió una vela en su escritorio, en el cual también tenía la bandera imperial de Japón, y fotos de su padre y su novia. El número tres del mundo procedió a escribir dos cartas: Una para sus compañeros de equipo, y otra para el capitán de navío. Las intenciones eran claras: Ambas eran notas suicidas.


En las misivas, les expresaba sus dudas a sus compañeros sobre su capacidad de poder estar con el equipo: "Habría sido incapaz de ayudar a nuestro equipo. Al contrario, habría sido una fuente de problemas y preocupación para todos ustedes. Hagan lo que más puedan para hacer mejor que lo que yo habría jugado. He orado y creo que lo harán. Estaré con ustedes en las canchas en espíritu", fue el mensaje que escribió. Al capitán, también le ofreció sus disculpas por los inconvenientes que podría causar su acción.


Jiro Sato se arrodilló ante su altar improvisado para orar, dejó las cartas junto a las fotografías, y abandonó su cabina durante la noche. Quitó una cuerda del barco, y también dos manillas de enrollado de hierro, las cuales ató firmemente a su cuerpo. Posteriormente, realizó su última acción: Se lanzó del barco hacia el mar del estrecho de Malaca, quitándose la vida en el acto. A pesar de una exhaustiva búsqueda, su cuerpo nunca fue encontrado. Tenía tan solo 26 años.


El motivo de su repentino fallecimiento fue atribuido a una fuerte depresión causada por la presión impuesta por el imperio japonés y la Asociación de Tenis de su país, la que negó en constantes ocasiones su petición de no jugar, de representarlos de la mejor manera posible, haciendo que Sato dudara de sus capacidades. "Creo que Jiro se suicidó solo por el sentido de responsabilidad que tenía tras aceptar la urgencia de la asociación de llegar a Europa, a pesar de que él quería permanecer en Singapur. Hasta el final de mi vida voy a lamentar que fue una orden de la Asociación de Tenis de Japón la que resultó en su muerte. Jiro era un hombre de honor y jugaba siempre por el honor de Japón", comentó su prometida tras conocerse la noticia.


¿Qué fue del equipo japonés?


Tras la partida de su mejor jugador, el elenco nipón continuó rumbo a Eastbourne donde cayeron por 4-1 ante Australia. El capitán, Ryuki Miki, no jugó la serie, pero sí ganó Wimbledon en dobles mixtos, y aún afectado por la tragedia, se retiró del tenis tras el torneo. Ryosuke Nunoi, compañero de Sato en dobles, y con quien fue finalista de Wimbledon, se enlistó en el ejército imperial de Japón, y combatió en la campaña de Birmania en la Segunda Guerra Mundial, en la cual se suicidó en 1945.


Tras su trágico final y hasta hoy, Jiro Sato sigue siendo el único tenista asiático varón en alcanzar semifinales en tres torneos de Grand Slam. Solamente Kei Nishikori, en el US Open 2014, ha podido llegar a una final.


Fotos: Getty Images




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